A ojos de la historia, parece que el conde duque de Olivares, cuyo nombre real fue Gaspar de Guzmán, fue un personaje positivo para su época. Podría decirse que su carrera política empezó al morir su padre; heredó el mayorazgo de Olivares y con ansia de alcanzar el puesto de Grande de España gastó gran parte de su oro en cortejar a su prima Inés Zúñiga y Velasco. Tras haber fracasado en su conquista, ocho años después, lo nombraron gentilhombre de cámara de Felipe IV, y al fin, el diez de abril de 1621 alcanzó la grandeza tan perseguida por su familia y que inició un gran cambio económico en su casa.
Puso en práctica diversos cambios internos: condenó los abusos y la corrupción del reinado anterior, sustituyó el sistema de consejos por una serie de juntas, trató de implantar medidas económicas mercantilistas i promovió el comercio, entre otras muchas cosas. En general se preocupó por la monarquía, y quería imponer sus reformas por la vía autoritaria. Se hizo un consejero fiel de Felipe IV y estuvo a su lado durante 22 años, pero a partir del 1641, cuando reconoció y presentó en la corte a un hijo bastardo (acto de desesperación ante la falta de descendencia), empezó el declive del conde-duque de tal forma que dos años después Felipe le ordenó abandonar la corte y fue procesado por la inquisición.
Sin embargo, confiando en que algún literato se haya interesado por este pequeño artículo, expongo que a ojos de un amante de la literatura el hecho de haber encarcelado a Quevedo haciéndole enfermar, bien podría justificar la condena que la Santa Inquisición le impuso, incluso en mayor medida que por lo que fue inculpado.

Las obras que vamos a trabajar no son pasado. Si fuese así, no tendría ningún sentido estudiarlas. Tal vez son clásicos por eso: porque nos siguen hablando a nosotros.
Quizá sea así y sean ellos los que nos siguen hablando a nosotros, pero la fecha del día en el que vivimos hace que lo anterior sea pasado, y no por ser pasado carece de sentido estudiarlo. Hablo de destellos del pasado por una pequeña esencia antigua que quiero fusionar con mi forma de pensar, y con el "presente" refiriéndome al día a día i a la sociedad donde vivimos. Siempre teniendo en cuenta que el blog es educativo y hay que reflejar los apuntes de clase, claro!
¡Me encanta tu respuesta!
Aprovecho para citar unos tercetos de la "Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, en su valimiento", que es el texto que se dice que le valió a Quevedo su destierro:
"No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya la frente,
silencio avises, o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy, sin miedo que, libre, escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.
En otros siglos pudo ser precado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.
Pues sepa quien lo niega, y quien lo duda,
que es lengua la verdad de Dios severo,
y la lengua de Dios nunca fue muda.!